Los pescadores de Shetland

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Había una pequeña cala acogedora en una de las islas Shetland. En la cabecera de la cala se encontraba un caserío de pescadores que contenía una veintena de cabañas. En estas chozas vivían los pescadores de Shetland, gobernados por un hombre, el jefe, que era padre de dos hermosas hijas.

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Buenos tiempos para los pescadores de Shetland

Ahora estos pescadores habían tenido mucha suerte desde hacía algunos años, pues una reina de las hadas y sus hadas se habían asentado allí. La reina había entregado su poder a un tritón, que era el jefe de una gran familia de sirenas.

La reina de las hadas le había hecho al tritón un cinturón de algas marinas, que siempre llevaba alrededor del cuerpo. El tritón solía teñir el agua de rojo, verde y blanco, todos los días al mediodía, para que los pescadores supieran que si arrojaban sus redes en las aguas coloreadas harían buenos lances.

Entre estos pescadores había dos valientes hermanos, que cortejaban a las hijas del cacique. El padre sin embargo, ya anciano, no las dejaba casarse hasta que sus pretendientes se hicieran ricos.

Siempre que los pescadores se iban en los botes, el tritón solía sentarse en una roca y mirarlos pescar.

La malvada bruja que anhelaba el poder del tritón

Cerca de la aldea había un gran bosque, en el que vivían una vieja bruja malvada y un enano.

En aquel tiempo, esta bruja deseaba apoderarse del cinturón del tritón y así obtener el poder del hada. Contándole su plan al enano, ella le dijo:

— Ahora ve, enano, debes atrapar al tritón mientras está sentado en las rocas mirando la flota pesquera. Pero antes de partir debo convertirte en una abeja. Debes chupar el jugo en esta cuenca mágica, luego volar y posarte en la cabeza del tritón, momento en el que caerá dormido.

El enano estuvo de acuerdo, y sucedió como ella había dicho; el tritón se durmió, el enano robó el cinturón y se lo llevó a la bruja.

— Ahora debes usar el cinturón — le dijo la bruja al enano — tendrás su poder y el hada perderá el suyo.

Trasladaron al tritón dormido al bosque y lo colocaron frente a la cabaña, momento en el que la bruja tomó una vasija de cobre, diciendo:

— Debemos encerrarlo en esto.

A continuación cogió la olla mágica y le dijo al enano que tomara un cucharón del líquido que contenía. Después debería verterlo sobre el tritón, lo cual hizo. Inmediatamente el tritón se convirtió en humo, que se instaló en el recipiente de cobre. Luego sellaron herméticamente el improvisado ataúd de cobre.

— Ahora toma este barco y arrójalo al mar a cincuenta millas de la tierra — dijo la bruja.

El enano hizo lo que se le ordenó.

— Ahora vamos a matar de hambre a esos viejos pescadores este invierno — dijo la bruja; y sucedió como había dicho: no pudieron pescar nada.

La reina de las Hadas y el valiente pescador

En la primavera, el hada reina se acercó a uno de los jóvenes pescadores que estaba cortejando a una de las hijas del jefe y le dijo:

— Debes aventurarte por tu amada y por la vida de los pescadores de Shetland, o moriréis todos de hambre. Yo estaré de vuestro lado pero debes decidir libremente. ¿Correrás el riesgo?

— Lo haré — dijo el valiente pescador.

— Bueno, el enano tiene mi cinturón, se lo robó al tritón, y por eso he perdido el poder sobre el mundo durante doce meses y un día; pero si recuperas el cinturón puedo liquidar a la bruja; si no, moriréis de hambre y no pescaréis nada.

Así que el audaz pescador accedió a intentarlo.

El oso que vigila y añora

— Ahora debo transformarte en un oso, tendrás que vigilar a la bruja y al enano y arriesgarte a conseguir el cinturón. También debes vigilar el lugar donde esconde su tesoro, porque está usando el cinturón como un medio para obtener oro, que esconde en una cueva.

Y así el marinero se convirtió en un oso, fue al bosque y observó al enano. Vio que escondía su tesoro en una cueva cerca de unos peñascos.

Al oso se le había dado el poder de hacerse invisible, sentándose en cuclillas y frotándose las orejas con las patas.

Una noche, cuando había mucho bullicio, el oso sintió ganas de ir a ver a su amada. Así que fue y llamó a su puerta. La niña abrió y asustada gritó cuando vio al oso.

— Oh, déjalo entrar — dijo su anciana madre.

Aún con dudas le permitió el paso. El oso entró y pidió refugio de la tormenta, porque podía hablar.

Fue y se sentó junto al fuego, le pidió a su amada que le cepillara la nieve de su pelaje, lo cual ella hizo.

— No te haré ningún daño — dijo — Déjame dormir junto al fuego.

Volvió la noche siguiente, le dieron papilla y jugaron con él; porque en realidad su comportamiento era como el de un perro.

De este modo venía todas las noches hasta la primavera, cuando una mañana, al irse, dijo:

— No debes esperarme más. Ha llegado la primavera y la nieve se ha derretido. No puedo volver hasta que termine el verano.

Así que regresó al bosque y observó de nuevo al enano. Nunca pudo atraparlo sin su cinturón. Hasta que un buen día lo vio pescando salmones sin el cinturón puesto. Coincidiendo que al mismo tiempo su amada y su hermana llegaron recogiendo flores.

Rápidamente el oso se acercó al enano, y éste, cuando lo vio venir, dijo:

— ¡Ah! ¡Buen oso, buen oso! Déjame ir. Estas dos chicas serán un bocado más delicado para ti.

Pero el oso ignoró sus palabras, lo golpeó con su pata y lo mató. Inmediatamente el oso se convirtió en su antiguo yo, las chicas lo vieron, corrieron hacia él, lo besaron y conversaron.

La cúspide del plan de la reina

Llevó a las dos niñas a la cueva del enano y les dio a cada una una bolsa con un tesoro, guardándose una para él. Tomando el cinturón se lo colocó, y todos caminaron de regreso a la aldea. El pescador les dijo al resto de pescadores de Shetland que sus problemas pronto terminarían, pero que primero debía matar a la bruja.

pescadores de shetland reunidos - imagen de marineros en la centuria 18

Tras esto giró el cinturón tres veces y dijo:

— Deseo a la reina de las hadas.

La reina vino, estaba encantada, y dijo:

— Ahora debes venir y matar a la bruja — Le entregó un arco y una flecha, diciéndole que lo usara bien y con fuerza cuando llegara a la cabaña.

Así que el pescador se fue al bosque, encontró a la bruja en su choza, y ella le suplicó clemencia.

— Oh no, bruja, has cometido demasiadas travesuras — dijo, y acto seguido disparó.

Nada más producirse el disparo apareció el hada reina y lo envió a recoger leña seca para hacer un fuego. Cuando se encendió el fuego, lo envió a buscar la varita de la bruja, que arrojó a las llamas, diciendo:

— Ahora, céntrate en mis palabras, todos los demonios del infierno estarán aquí.

Cuando la varita comenzó a arder todos los demonios vinieron y trataron de rescatarla del fuego. En ese momento la reina levantó su varita diciendo:

A través de esta poderosa varita
que mi mano ostenta,
A través de este arco y flecha
ya la muerte es hecha
para que deje nuestro reino.

Ahora llévala a lo alto en el cielo,
déjala estallar en pedazos
con el poder de un trueno.
Luego llévala al infierno
y allí déjala vivir,
por un tiempo eterno.

Tras su conjuro la varita fue quemada y los diablos se llevaron a la bruja con el estruendo de un trueno.

Un nuevo comienzo para los pescadores de Shetland

Los doce meses pasaron de ese día, y entonces el hada le dijo al pescador:

— Toma a tu jefe y a tu hermano, zarpa a la mar media milla, donde verás una mancha roja, brillante como el sol en el agua; Echa tu red desde la orilla del mar del lugar indicado, y arrástrala hacia ti, hacia la misma orilla.

Hicieron lo que les ordenó la reina, y cuando tiraron de la red en la orilla encontraron una vasija de cobre.

— Ahora ábrelo — le dijo la reina al pescador del cinturón — pero primero cúbrete el cinturón con el abrigo.

Y así lo hizo, cuando abrió el recipiente de cobre, una nube de humo se elevó en el aire. De repente el tritón se apareció ante ellos diciendo:

Los primeros cuatro meses que estuve en prisión,
Juré que haría al hombre tan rico como un rey
Al hombre que me liberó.
Pero no hubo liberación, liberación, liberación.

Los segundos cuatro meses que estuve en prisión
Juré que haría correr el agua roja
Pero no hubo liberación, liberación, liberación.

Los últimos cuatro meses que estuve en prisión
Juré en mi ira que quitaría la vida de mi libertador,
Quienquiera que fuese el rescatador.

Entonces el pescador abrió su abrigo y le mostró el cinturón. El tritón se calmó inmediatamente y dijo:

— Oh, así es como me metí en este problema.

Le preguntó al pescador por el cinturón, quería saber qué había ocurrido y el joven le contó toda la historia.

Una vez aclarado todo la reina le pidió al pescador que se quitara el cinto y se lo volviera a poner al tritón. Éste así lo hizo. De repente el tritón se lanzó al mar y comenzó a cantar desde una roca:

Mientras me siento sobre la roca,
Soy como una estatua, estoica,
mientras me aliso el cabello
que es tan largo y bello.
Ahora mis ojos se ven brillantes
porque estoy de alegría radiante,
porque mi júbilo está en la libertad
de vagar felizmente la mar.

Después de eso, la aldea volvió a estar alegre, porque los pescadores de Shetland empezaron a pescar en abundancia; gracias a que el tritón les mostraba dónde echar sus redes, coloreando el agua como hacía antes.

Con el tiempo los dos hermanos finalmente se casaron con las dos hermosas hijas del jefe. Nunca faltó la buena pesca para los pescadores de Shetland y gracias a su entrega y dedicación vivieron felices para siempre.


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