El martillo de las brujas

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martillo de las brujas

Como señalaba Carl Sagan en su libro El mundo y sus demonios (The demond-Haunted World), la obsesión con los demonios y las brujas fue in crescendo cuando el papa Inocencio VIII, a partir de su famosa bula de 1484 (Summis Desiderantes Affectibus), inició una etapa en la que proliferó la acusación, tortura y ejecución de innumerables “brujas” en toda Europa. Aunque la bula del papa admitía que la relación con los demonios podían mantenerla tanto hombres como mujeres, generalmente, fueron acusadas y ajusticiadas las mujeres, a veces por El Martillo de las brujas o Maellus Maleficarum.

En una época en la que la mujer era considerada un ser inferior, débil, proclive al pecado y a la lujuria, la jerarquía eclesiástica, integrada por varones nominalmente célibes, se obsesionó con ella y el trato sexual que mantenía con el demonio. Para la Iglesia, la coquetería de una mujer, sus risas, cualquier manifestación de la sensualidad femenina era interpretada como posesión diabólica, incluso los cabellos largos y sueltos se consideraban un encanto demoníaco.

No sólo los católicos se obsesionaron con la caza de brujas, también los protestantes adoptaron una actitud muy parecida a la de la Iglesia católica. Incluso humanistas como Erasmo o Tomás Moro sostenían la existencia de las brujas.

Kramer y Sprenger, dos monjes dominicos, profesores de Teología, basándose en las Escrituras y en la obra de eruditos antiguos y modernos (Sócrates, San Agustín, San Isidoro, Santo Tomás…), realizaron un libro, el Maellus Maleficarum (”Martillo de las brujas”), destinado a convertirse en el manual indispensable y la primera fuente para todos aquellos que se dedicaban a luchar contra la brujería en Europa, ya fuesen jueces, magistrados o sacerdotes, católicos o protestantes.

martillo de las brujas

Estas imágenes de arriba llevaban el título de “El sabbath de los brujos” (manifestando el libro, por tanto, un claro antisemitismo). En la primera imagen los autores añadieron: “están hechos para ser rebautizados en nombre del demonio”; en la segunda: “entregan sus ropas al demonio”; en la tercera: “besan las partes traseras privadas del demonio”; y, por último, en la cuarta: “y bailan en círculo, espalda contra espalda”.

Kramer y Sprenger presentaron su obra a la Facultad de Teología de la Universidad de Colonia el 9 de mayo de 1487, esperando su aprobación. Sin embargo, el clero de la Universidad la rechazó, declarándola ilegal y antiética. Kramer, a pesar de ello, insertó una falsa nota de apoyo de la Universidad en posteriores ediciones impresas del libro. También se incluyó la bula de Inocencio VIII, en la que el papa autorizaba a los dos dominicos para actuar en contra de aquellos que practicasen la magia.

El Maellus, un libro aterrador, misógino y obsesionado con la sexualidad, prácticamente sostenía que si una mujer era acusada de brujería, es que era bruja. Una vez procesada, si no confesaba libremente, se empleaba la tortura para demostrar la validez de la acusación. La acusada no tenía derechos ni podía enfrentarse a los que la habían acusado.

No se tenía en cuenta la posibilidad de que las acusaciones pudieran responder a motivos personales: resentimientos, celos, venganza o, incluso, la avaricia de los inquisidores que confiscaban y disfrutaban de las propiedades de los acusados. Los costes de la investigación, juicio y ejecución eran sufragados por los acusados o sus familias. Con el patrimonio de la bruja se pagaban las dietas de los investigadores contratados para espiar a la posible bruja, el vino para los centinelas, las comidas de los jueces, la gratificación que obtenía cada uno de ellos por bruja quemada y hasta la cuerda utilizada por el verdugo. Si, después de cubrir hasta el menor gasto del proceso, todavía existían propiedades pertenecientes a la bruja, éstas se dividían entre la Iglesia y el Estado. Por tanto, el motivo económico era muy fuerte en estas acusaciones.

La bruja, según el Maellus Maleficarum, puede embrujar a los hombres volviéndolos impotentes (”imposibilitados de copular”), empujarlos a la locura, a un odio insano, despertar sus apetitos más bajos. Se trata de una mujer que copula con el diablo, consagrándose a él por entero. Puede, incluso, con la ayuda del diablo, crear terribles tormentas de granizo y tempestades. La bruja, por tanto, es un ser muy peligroso y destructor que debe ser castigado. No es posible exculparla con el argumento de que sólo actuó como un instrumento del demonio, pues aunque ha firmado “un pacto y contrato con el demonio”, se entregó “a su poder libre y voluntariamente”, tal como confesaron las “mujeres convictas y quemadas en la hoguera”.

Sólo entre el siglo XVI y XVII se ejecutaron unas 500.000 mujeres entre Europa y EE.UU. En una época de intolerancia, enorme represión sexual, irracionalismo y superstición, las brujas se convirtieron en las víctimas de la moral impuesta por las Iglesias católica y protestante de la Edad Moderna.

El texto íntegro del Maellus Maleficarum se encuentra en Herencia cristiana. Ver en Angelfire

Esta historia ha sido rescatada y compartida en esta web a modo de tributo. La autoría original pertenece a Indira y Chandra, la historia se encontraba en su blog, Ovejas Eléctricas, que desafortunadamente desde 2017 no es accesible, cambió de manos y se perdió el valioso contenido.

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