Leyenda del Hombre del Saco

Publicado por Narrador en

leyenda del hombre del saco o el coco

Muchos la relacionan con el conocido y temido personaje de El Coco, sin embargo el hombre del saco tiene algunas diferencias respecto a la clásica leyenda. La más notoria es que podría estar basado en hechos reales. Te lo contamos.

¿Quién es el hombre del saco?

En realidad no hay claridad respecto a la identidad del personaje. La leyenda puede variar según quien la narra, pero lo que está claro es el objetivo, asustar a los más pequeños para que se porten bien. O al menos así era en el pasado.

Los niños y niñas de aquel entonces escuchaban con temor los cuentos y canciones que mencionaban al hombre del saco. Nadie sabía como era su rostro pero la imaginación se encargaba de darle forma.

Hoy vamos a conocer el posible origen de esta leyenda, basa en hechos reales que desgraciadamente ocurrieron a comienzos del siglo XX. En España es conocido también como el hombre del saco, asustaniños o el sacamantecas.

leyenda del hombre del saco o sacamantecas

Origen y leyenda del sacamantecas

Son muchas las comodidades tecnológicas que disponemos hoy en día. Tanto es así que cuesta imaginar como se vivía en el pasado. Ver a extraños visitando ciudades, pueblos y aldeas puede ser algo natural en nuestra época. Sin embargo, mirando unos pocos lustros al pasado podemos ver que no siempre ha sido así.

Con esta premisa nos adentramos en el origen de la leyenda del hombre del saco, o sacamantecas, teniendo como punto de inicio la península ibérica, en una España remota de 1910.

Raro era que un forastero llegase a ignotos pueblos donde apenas había existido movimiento de personas en las útlimas décadas. La expansión del ferrocarril, las carreteras y los medios de transporte facilitaron que gradualmente apareciesen extraños en zonas donde los lugareños conocían al detalle las vidas de cada alma que habitaba su pueblo.

Estos extraños causaban desconfianza, es la forma que tenía el ser humano de expresar su miedo a lo desconocido en una época donde la santería estaba vigente, las creencias religiosas eran más tradicionales que nunca y las supersticiones eran el pan de cada día.

Junto a las nuevas vías de transporte la industria estaba en auge. Las grandes maquinarias de las fábricas necesitaban ser engrasadas y por aquel entonces se utilizaba manteca o grasa de animales. En aquella era de supersticiones y habladurías se gestó el rumor de que la grasa humana era la mejor para las máquinas. Los habitantes colindantes a fábricas de la industria emergente comenzarón a construir la leyenda de un hombre que se llevababa a los niños para extraer su grasa, el "sacamantecas".

De forma popular se relaciona al hombre del saco, o sacamantecas, con un desconocido, cualquier extraño podría ser esa persona que se lleva a los niños dentro de una bolsa. Lo curioso es que, muchas veces, los crímenes más atroces no son cometidos por extranjeros o extraños, son perpretados por los propios habitantes y vecinos de toda la vida.

Esto mismo es lo que ocurrió en un pueblo de Almería, España, en 1910.

Un vecino del pueblo de Gádor, resultó estar enfermo de tuberculosis, enfermedad mortal que seguramente lo arrastraría a la tumba.

Temeroso por escuchar el repentino susurro de la parca contactó con una santera del pueblo pidiendo ayuda. La curandera lo trató con sus remedios tradicionales, usando hierbas, infusiones y ungüentos. Nada funcionó.

Cabe mencionar que hablamos de comienzos del siglo XX, la medicina oficial no tenía la credibilidad que puede tener hoy día. En zonas remotas había una gran confianza en la santería y curanderas basadas en rituales y técnicas holísticas.

Al ver que sus tratamientos no eran efectivos el vecino tuberculoso reclamó a la santera. Necesitaba solución a su inminente abandono terrenal.

Fue entonces cuando la santera, junto a colegas de profesión propusieron una solución alternativa. Debería beber la sangre de un infante robusto y sano. Además, la sangre debería estar caliente, beberla según brota del cuerpo. Como paso final le indicaron ponerse en el pecho las mantecas de la víctima como cataplasmas.

El enfermo de tuberculosis se negó en un primer momento por miedo al castigo divino que recibiría si cometiese tal atrocidad. No obstante, pocos segundos pensando le sirvieron para aceptar la propuesta. En ese instante los santeros y el tuberculoso comenzaron a organizarse.

Acordaron un precio de 3.000 pesetas de la época, equivalente actual a comprar un piso en Madrid. Contrataron un sicario, también vecino del pueblo, hijo de otra curandera que se encargaría de la parte incómoda del crímen.

niña en leyenda del hombre del saco

Intentaron primero llevarse a una niña, sin éxito, la pequeña pataleaba, mordía y gritaba muy fuerte. La dejaron marchar.

Más tarde, el hijo de una lavandera que se encontraba en el embalse haciendo su colada, andaba recogiendo higos por la zona. Uno de los criminales lo entretuvo durante un rato, hasta que llegaron la santera y compinche. Utilizando un pañuelo con cloroformo dejaron al niño inconsciente y lo metieron en un saco de tela. Se lo llevaron.

Por deferencia y respeto a tu persona, que lees esta leyenda, no entraremos en detalles sobre el modus operandi que siguieron los asesinos, ya que no fue agradable ni humano.

Después de aquel acto atroz, prácticamente todo el pueblo se dedicó en cuerpo y alma a la búsqueda del pequeño desaparecido. Hay quien piensa que por rencillas entre los asesinos, por dinero u otros motivos, uno de ellos fue al cuartelillo de la guardia civil a denunciar el descubrimiento del cuerpo de un niño.

Con esa denuncia fueron los agentes a investigar el barranco donde reposaba el cádaver. Finalmente encontraron el cuerpo sin vida del niño, se realizó una investigación que fue seguida muy de cerca a nivel nacional y como resultado los culpables fueron detenidos y condenados a muerte por garrote vil.

En todo este crimen estuvieron involucradas cinco personas, siendo el tuberculoso, la curandera junto a su hijo, el barbero, que fue el asesino ejecutor, y el hermano de la curandera como cómplice del secuestro.

El barbero murió en prisión envenenado, seguramente para que no hablase de otros crimenes que segurmante conocía de primera mano.

Al hijo de la curandera le indultaron alegando deficiencia mental.

El resto de encarcelados fueron beneficiados de indultos por el gobierno de la época.

Quedaron muchas preguntas sin respuesta y en la zona se hablaba de otras desapariciones que habían tenido lugar. Los rumores apuntaban a la desaparición de personas causadas por la continuidad de prácticas similares.

Este crímen, unido a los rumores, supersticiones y cambios tecnológicos de la época muy posiblemente dieron lugar al nacimiento de la leyenda del hombre del saco.

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